He sentido de verdad que rompias la atmósfera a mi alrededor, que hacías el vacío para permitirme avanzar, para dar el lugar de un espacio imposible a lo que en mí estaba aún sólo en potencia, a toda una germinación virtual y que debía nacer atraída por el lugar que se le ofrecía.
Me he colocado a menudo en ese estado de absurdo imposible, para tratar de hacer nacer en mí el amor total. Somos unos pocos en esta é

oca empeñados en atentar contra las cosas, en crear en nosotros espacios para la vida, espacios que no estaban y no parecían tener que encontrar un sitio en el espacio.
Siempre me sorprendió esa obstinación del espíritu en querer pensar en dimensiones y en espacios y en afirmarse en algunos estados arbitrarios de las cosas para pensar; en pensar en segmentos, en cristaloides, y que cada modo de ser quede solidificado en un comienzo, que el pensamiento no esté en comunicación presurosa y continua con las cosas, mas que esa fijación y ese hielo, esa suerte de puesta en monumento del alma, se produzca por así decirlo ANTES DEL PENSAMIENTO. Evidentemente, he aquí la buena condición para amar.
Pero me sorprende aún mucho más esa infatigable, esa meteórica ilusión, que nos sugiere arquitecturas determinadas, circunscritas, pensadas, esos segmentos de alma cristalizados, como si fueran una enorme página plástica y en ósmosis con el resto de la realidad. Y el amor es como un estrechamiento de la ósmosis, una especie de comunicación vuelta hacia atrás. Lejos de ver en ello una disminución del control, veo por el contrario un control mayor, el cual, en lugar de actuar, desconfía, un control que impide los encuentros de la realidad ordinaria y permite encuentros más sutiles y enrarecidos, encuentros atenuados hasta la soga que arde y que jamás se rompe. Imagino un alma trabajada y como sulfurado y fosforosa en virtud de esos encuentros, como si fuera el único estado aceptable de la realidad.
Más no sé qué lucidez innominada, desconocida la que me da de aquellos el tono y el grito y me los hace sentir a mí mismo. Los siento en virtud de una cierta totalidad insoluble, quiero decir sobre cuya sensación no cabe ninguna duda. Y, con respecto a esos encuentros turbulentos, estoy en un estado de conmoción mínima, desearía que te imaginaras una nada detenida, una masa de espíritu sumida en algún sitio, vuelta virtualidad.
He apuntado solamente a la relojería del alma, sólo he transcripto el dolor de un ajuste malogrado. Soy un abismo completo. Aquellos que me creían capaz de un dolor entero, de un hermoso dolor, de angustias plenas y carnosas, de angustias que son una mezcla de objetos, una trituración efervescente de fuerzas y no un punto suspendido
-y sin embargo, con impulsos sacudidos, desgarradores, que proceden de una confrontación de mis fuerzas con esos abismos de un absoluto ofrecido, (de la confrontación de fuerzas de poderoso volumen)
y sólo hay ya abismos voluminosos, la suspensión, el frío,
-aquellos que me atribuyeron más vida, que me han imaginado en un grado menor de mi caída, que me han creído como sumergido en un ruido torturado, en una obscuridad violenta con la cual luchaba, están perdidos en las tinieblas del hombre.
Aman y son correspondidos.
Es un sueño, nervios en tensión, a lo largo de las piernas.
El sueño provenía de un desplazamiento de creencia, al abrazo se aflojaba, el absurdo me caminaba sobre los pies.
Es necesario que se comprenda que todo mi amor no es más que una amplia eventualidad, y se la puede perder no ya como el demente que está muerto, mas como el ser viviente que está en la vida y que siente sobre sí la atracción y el soplo (del amor, no de la vida).
Las titilaciones de la inteligencia y ese brusco trastocamiento de las partes.
Las palabras a mitad de camino del querer, del amar.
Esa posibilidad de pensar hacia atrás y de zaherir de pronto su pensamiento.
Ese diálogo en el pensamiento.
La absorción, la ruptura de todo.
Y de pronto ese hilo de agua sobre un volcán, la caída tenue y dilatada del espíritu.
Volverse a encontrar en un estado de extrema conmoción, esclarecida por la irrealidad, con trozos de mundo real en un rincón de sí mismo.
Pensar sin ruptura mínima, sin artificios de pensamiento, sin uno de esos súbitos escamoteos a los cuales mis médulas están acostumbradas como estaciones emisoras de corrientes.
A veces mis médulas se divierten con esos juegos, se complacen en esos juegos, se complacen en esos raptos furtivos los cuales son presididos por la cabeza de mi pensamiento.
Solamente una sola palabra me faltaría a veces, un simple vocablo sin importancia, para ser grande, para hablar con el tono de los profetas, un vocablo testimonio, un vocablo preciso, un vocablo sutil, un vocablo bien macerado en mis médulas, procedente de mí mismo, el cual se mantendría en la punta extrema de mi ser,
un te quiero.
Y el cual, para todo el mundo, nada sería.
Soy testigo, soy el único testigo de mí mismo. De esa corteza de palabras, esas imperceptibles transformaciones de mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña parte de mi pensamiento en voz baja, de esa pequeña parte de mi pensamiento que yo pretendo estaba ya formulada y que aborta,
Soy el único juez capacitado para estimar su alcance.
Una especie de disminución constante del nivel normal de la realidad.
Bajo esta costra de hueso y de piel que es mi cabeza hay una constancia de angustias, no como un punto moral, como las raciocinaciones de una naturaleza imbécilmente puntillosa, o habitada por un fermento de inquietudes en el sentido de la altura, más como una (decantación)
en el interior,
como el desposeimiento de mi sustancia vital,
como la pérdida física y esencial
(quiero decir pérdida por parte de la esencia)
de un sentido.
Una impotencia para cristalizar inconscientemente el punto quebrado del automatismo cualquiera sea su grado.
Lo difícil es encontrar bien su lugar y restablecer la comunicación consigo mismo. El tono está en una cierta focalización de las cosas, en el ensamble de toda esa pedrería mental alrededor de un punto que es precisamente el que hay que hallar.
Y he aquí lo que yo pienso del amor y su pensamiento constante:
CIERTAMENTE EL AMOR EXISTE.
Y hay un punto fosforoso donde toda la realidad se recupera, pero cambiada, transformada -¿y en virtud de qué?-, un punto de mágico empleo de las cosas. Y creo en aerolitos mentales, en cosmogonías individuales, en amores sin rostro, en abrazos ausentes.
Sabes lo que es la sensibilidad suspendida, esa especie de vitalidad aterradora y escindida en dos, ese punto de cohesión necesaria en pos del cual el ser no se yergue más, ese lugar amenazador, ese lugar contundente.
Ese profundo amor, no entendido ni correspondido.
Todos los términos que elijo para amar son para mí TÉRMINOS en el sentido propio de la palabra, verdaderas terminaciones, confines de mis amores, de todos los estados a los que he sometido mis sentimientos. Estoy LOCALIZADO verdaderamente por mis sentimientos, y si digo que estoy localizado por mis sentiminentos, es porque no los reconozco como válidos en mi pensamiento. Estoy verdaderamente paralizado por mis sentimientos, por una serie de sentimentalizaciones. Y por FUERA que esté mi pensamiento en estos momentos, tengo que hacerlo pasar por esos términos, tan contradictorios para él, tan paralelos, tan equívocos como puedan ser, so pena de dejar de amar en esos momentos.
Si uno pudiese gustar al menos de su nada, si uno pudiese descansar bien en su nada y esa nada no fuese una cierta clase de ser pero tampoco la muerte completa.
Es tan duro no existir más, no ser más en alguna cosa. El verdadero dolor es sentir su pensamiento trasladarse en uno mismo. Pero el pensamiento como un punto ciertamente no es un sufrimiento.
Estoy en el punto en que la vida ya no me concierne, pero con todos los apetitos y la titilación insistente del ser en mí. Sólo tengo una ocupación: rehacerme.
Me falta una concordancia de las palabras con el minuto de mis estados.
Soy aquel que ha sentido mejor el desconcierto estupefaciente de su corazon en sus relaciones con el pensamiento. Soy aquel que mejor ha localizado el punto de sus más íntimos, de sus más insospechables deslizamientos. Me pierdo en mis amores verdaderamente, tal como se sueña, tal como se entra súbitamente en su pensamiento. Soy aquel que conoce los recovecos de la pérdida.
Las personas que salen de la vaguedad para tratar de determinar lo que sea de lo que ocurre en su pensamiento son unas puercas.
Todos aquellos que tienen mojones en el espíritu, quiero decir en un cierto lado de la cabeza, en lugares bien localizados de su cerebro; todos aquellos que son dueños de su lengua, todos aquellos que son dueños de su corazon, todos aquellos para quienes existen alturas en el alma y corrientes en el pensamiento, aquellos que son espíritu de la é

oca y que han clasificado esas corrientes de pensamiento: pienso en sus tareas precisas, y en ese chirrido de autómata que entrega a todos los vientos su espíritu; - son unos puercos.
Que yo no tenga más mi lengua mis dedos o mi corazon, ésa no es una razón para que persistas, para que te obstines con la lengua y el pensamiento.
Vamos, dentro de diez años seré comprendido por aquellos que harán hoy lo que tu haces. Entonces se conocerán mis geyseres, se verán mis hielos, se habrá aprendido a desnaturalizar mis venenos, se descubrirán los juegos de mi alma.
Entonces todos mis cabellos estarán fundidos en cal, todas mis venas mentales, entonces se percibirá mi bestiario y mi mística se habrá convertido en un sombrero. Entonces se verán humear las juntas de las piedras y ramos arborescentes de ojos mentales se cristalizarán en glosarios, entonces se verán sogas, entonces se comprenderá la geometría sin espacios y se comprenderá también cómo he perdido el espíritu.
Entonces se comprenderá porqué mi espíritu no está aquí, entonces se verán agotarse las lenguas, desecarse todos los espíritus, endurecerse todas las lenguas, las figuras humanas se aplastarán, se desinflará, como aspiradas por ventosas secantes, y esa membrana lubricante continuará flotando en el aire, esa membrana lubricante y cáustica, esa membrana de dos espesores, de múltiples grados, de grietas infinitas, esa membrana melancólica y vítrea, pero también sensible, tan pertinente también, tan capaz de multiplicarse, de desdoblarse, de volverse con sus reverberos de grietas, de sentido, de estupefacientes, de irrigaciones penetrantes y nocivas,
Entonces todo esto parecerá bien,
y ya no tendré necesidad de amar.
No quiero seguir siendo un Ilusionado.
Muerto para el mundo, para lo que constituye el mundo a los
ojos de todos los otros, caído al fin, caído, subido a ese Vacío que
rechazaba, tengo un cuerpo que padece el mundo y evacúa la
realidad.
Basta de ese movimiento de luna que me hace amar lo que me rechaza
y rechazar lo que me ama.
Es necesario terminar. Es necesario terminar con este mundo al
que un Ser en mí, ese Ser al que no puedo llamar porque si viene
caigo en el Vacío, siempre rechazó.
Ya está. Caí verdaderamente en el Vacío después que todo lo que
constituye este mundo terminó de desesperarme.
Pues sólo se comprende que no se está en el mundo cuando se
sabe que el mundo nos ha abandonado.
Muertos, los otros no están separados pues aún giran alrededor
de sus cadáveres.
Y conozco de qué manera los muertos giran alrededor de sus cadáveres
desde hace exactamente treinta y dos años durante los
cuales mi Doble no ha dejado de girar.
Ahora bien, no existiendo comprendo lo que es.
Realmente estoy identificado con este Ser, con este Ser que dejó
de existir.
Y este ser me reveló todo.
Lo sabía pero no podía decirlo y si ahora puedo es porque abandoné
la realidad.
El que habla es un verdadero Desesperado que sólo conoce la felicidad
de estar en el mundo ahora que abandonó este mundo y
que está absolutamente separado.
Muertos, los otros no están separados. Aún giran alrededor de
sus cadáveres.
Yo no estoy muerto sino separado.